El negocio del confinamiento bovino en Paraguay atraviesa un escenario de márgenes atractivos y con perspectivas de sostener o incluso mejorar su rentabilidad durante 2027. La relación entre el precio del ganado terminado y los costos de alimentación, sumada a la necesidad de acelerar los ciclos productivos y aumentar el peso de faena, está generando nuevas oportunidades para los productores que apuestan por la intensificación.

En entrevista con Valor Agro, durante el Congreso del CEA, el director de Granusa, César Borba, analizó las principales variables económicas que determinan el resultado del confinamiento y aseguró que las perspectivas para el próximo año son alentadoras. “Yo creo que el año que viene va a tener una rentabilidad igual o mejor que este año, porque hay falta de carne, falta de animales para los frigoríficos, hay una demanda extraordinaria y en el mercado internacional también los precios van a ir ajustándose para arriba”, sostuvo.

Uno de los principales fundamentos del negocio está en la relación entre el costo de producir carne en confinamiento y su valor de comercialización. Según explicó Borba, actualmente producir un kilogramo de carcasa mediante este sistema puede representar un costo de entre US$ 2,50 y US$ 3,50, dependiendo de la dieta y la eficiencia productiva, mientras que el ganado terminado puede comercializarse a valores cercanos a US$ 5,60 por kilogramo.

Esta ecuación permite obtener un diferencial bruto de entre US$ 2,10 y US$ 3,10 por kilogramo producido, antes de considerar otros componentes del negocio, como la compra del animal, gastos financieros y operativos. El especialista destacó que se trata de una relación particularmente favorable frente a otros períodos, cuando el costo alimenticio tenía una participación considerablemente mayor en el valor final de la carne.

Borba señaló que uno de los principales desafíos para los invernadores continúa siendo el elevado precio de la reposición, especialmente para quienes adquirieron terneros durante el año pasado, cuando las cotizaciones alcanzaron entre G. 30.000 y G. 33.000 por kilogramo. Como ejemplo, explicó que un ternero de 200 kilos comprado a G. 30.000 representaba una inversión inicial de G. 6 millones, equivalente a aproximadamente US$ 1.000, dependiendo del tipo de cambio.

En este contexto, sostuvo que la estrategia productiva debe orientarse a lograr animales de mayor peso al momento de la comercialización.  “Esos animales yo no puedo vender a 500 kilos terminados. Tengo que llegar a 650 kilos para vender esos animales, que ahí me da rentabilidad”, afirmó.

De acuerdo con su análisis, una carcasa de 300 a 330 kilos permite mejorar considerablemente el resultado económico frente a animales más livianos.

Para ilustrar esta relación, planteó que un animal con 330 kilos de carcasa, comercializado a US$ 5,60 por kilogramo, genera una facturación bruta de US$ 1.848. Frente a una reposición que actualmente puede ubicarse entre US$ 700 y US$ 800 por ternero, existe un margen para absorber los costos de producción y obtener un resultado positivo.

No obstante, aclaró que el productor debe evaluar cuidadosamente la relación entre el valor de compra, los kilos agregados y el ingreso final.

Otro de los factores que condicionaron el resultado de los productores durante este año fue la caída de la cotización de la moneda estadounidense frente al guaraní. Borba estimó que la depreciación del dólar respecto a referencias anteriores se ubicó entre 20% y 25%, generando un desajuste entre una reposición que se comercializa principalmente en guaraníes y un ganado terminado cuyo precio se establece en dólares.

Como ejemplo, explicó que un precio de US$ 5,60 por kilo de carcasa, con una cotización de G. 7.000 por dólar, habría representado un ingreso de G. 39.200 por kilogramo. Sin embargo, con un dólar cercano a G. 5.650, el ingreso se reduce a G. 31.640, una diferencia superior a G. 7.500 por kilogramo de carcasa. Esta variación representa más de G. 2,2 millones sobre una carcasa de 300 kilos, lo que evidencia el impacto cambiario sobre los ingresos de la actividad.

¿Qué puede pasar con los costos en 2027?

Respecto a las perspectivas para la alimentación, Borba consideró que las condiciones climáticas favorables y el buen desarrollo de la producción agrícola en buena parte del Mercosur permiten proyectar cierta estabilidad para los principales insumos utilizados en el confinamiento, como maíz, pellet de soja y burlanda.

Aunque reconoció riesgos asociados a excesos de lluvias, pérdidas productivas y mayores costos de combustible y transporte, estimó que los granos podrían registrar incrementos de entre 10% y 20% en determinados escenarios.

Sin embargo, entiende que el mercado internacional de la carne podría continuar acompañando con mejores precios, apoyado en una oferta limitada y una demanda sostenida. Bajo este escenario, el incremento del valor del ganado terminado podría compensar, al menos parcialmente, eventuales aumentos en los costos alimenticios, aunque la evolución de la reposición y del tipo de cambio seguirá siendo determinante para el resultado final.

Finalmente, Borba subrayó que el futuro de la rentabilidad ganadera estará cada vez más vinculado con la eficiencia y la intensificación de los sistemas. Aseguró que los productores deben aprovechar el potencial genético de los animales para alcanzar mayores pesos de terminación y evitar ciclos demasiado prolongados, que aumentan la exposición a variaciones de precios y costos.

“No tenemos que tener miedo de dejar más días en el corral. Los animales tienen una buena genética, una estructura buena; tenemos que dejar más días, no quitar los 500 kilos, sino 600 o 650 kilos”, expresó. Además, destacó que la evaluación económica no debe limitarse a la ganancia diaria de peso vivo, sino considerar especialmente los kilos de carcasa efectivamente producidos durante la terminación.

Para el director de Granusa, la combinación de una demanda internacional firme, una oferta ganadera restringida y una estructura de costos alimenticios relativamente competitiva abre un escenario favorable para el confinamiento paraguayo en 2027. Sin embargo, remarcó que aprovechar estas oportunidades dependerá de la planificación, la capacidad de adaptación y la eficiencia de cada establecimiento.