Desde Pindoyu, Caaguazú, Mabel Giménez Mercado combina la producción de leche y granos con el esfuerzo cotidiano de su familia, apostando al campo como fuente de bienestar y progreso.

Mabel Giménez Mercado tiene una rutina en la que el trabajo y la vida familiar van de la mano. En la compañía Pindoyu, departamento de Caaguazú, lleva adelante junto a su esposo y sus tres hijos una unidad productiva que integra la lechería y la agricultura, dos actividades que se complementan y sostienen el crecimiento del hogar.

Su tambo mecanizado cuenta con 20 vacas en ordeñe, que producen alrededor de 450 litros de leche por día. La producción se comercializa a través de la cooperativa Apagrao, que conecta el trabajo de las familias productoras con la cadena láctea. A la par, la familia cultiva granos en unas 45 hectáreas: actualmente tiene soja en el campo, mientras que el maíz ya fue cosechado y destinado a ensilaje para la alimentación del ganado.

Para Mabel, diversificar la producción es también una manera de construir mejores oportunidades para los suyos. “La producción láctea y de granos nos permite tener todas las comodidades en nuestro hogar y darle a nuestros hijos lo mejor”, expresa.

Su historia refleja cómo el trabajo de las mujeres rurales forma parte esencial de la producción agropecuaria. Entre el tambo, los cultivos y las responsabilidades familiares, Mabel aporta a la economía de su hogar y al movimiento productivo de su comunidad.

Desde Caaguazú, su experiencia representa a tantas mujeres que, con dedicación y visión de futuro, encuentran en el campo no solo una ac-tividad económica, sino también un proyecto de vida para sus familias y una apuesta al desarrollo del Paraguay.