El escenario climático comienza a generar preocupación dentro de la producción arrocera paraguaya. Las lluvias registradas durante junio, julio y los primeros días de agosto provocaron atrasos importantes en la preparación de suelos y en el avance de la siembra, mientras el sector sigue con atención los pronósticos que anticipan una primavera y un verano con precipitaciones por encima de los niveles habituales.

Reinero Franco, vicepresidente de la Federación Paraguaya de Arroceros (FEPARROZ), explicó en Valor Agro que los actuales indicadores climáticos apuntan a un fenómeno de El Niño de elevada intensidad. Según señaló, el efecto sobre la producción ya comenzó a sentirse, particularmente por las dificultades para ingresar a los campos y avanzar con las labores previas al cultivo.

“Tenemos un atraso importante de preparación de suelo y, por lo tanto, también de siembra”, indicó. Franco explicó que habitualmente la implantación comienza alrededor del 15 de agosto y que, entre esa fecha y finales del mes, normalmente entre 20% y 30% del área prevista ya se encuentra sembrada. En cambio, actualmente estimó que el avance se ubicaría apenas entre 3% y 4%.

Por el momento, desde el sector consideran prematuro afirmar que esta situación provocará una reducción del área total de arroz en Paraguay. Sin embargo, Franco aseguró que ya resulta prácticamente inevitable que una mayor proporción de la superficie termine siendo implantada más tarde de lo deseable.

El dirigente recordó que la experiencia productiva demuestra que la mayor parte del arroz debería sembrarse entre agosto y septiembre. Octubre suele caracterizarse por mayores precipitaciones, incluso en campañas sin influencia de El Niño, mientras que las implantaciones que se trasladan hacia noviembre pasan a considerarse tardías y encuentran condiciones menos favorables de luminosidad durante etapas determinantes para la formación del rendimiento.

“Hoy todo apunta a que la intención de siembra se podría llegar a cumplir todavía, pero lo que ya es inminente es un pequeño atraso general de la época de cultivo”, afirmó.

La principal incertidumbre aparece hacia los próximos meses. Los pronósticos manejados por el sector anticipan importantes acumulados de lluvia durante octubre, noviembre, diciembre y enero. Un exceso persistente de agua puede provocar una mayor lámina dentro de las parcelas, estimular excesivamente el crecimiento vegetativo y aumentar los problemas de vuelco de las plantas cuando comienza la etapa de llenado de granos.

Franco explicó que este escenario puede generar una cadena de dificultades que termine impactando directamente sobre la productividad y las condiciones de cosecha. Aunque reconoció que todavía resulta difícil dimensionar el efecto final, sostuvo que, si los pronósticos se cumplen con la intensidad actualmente proyectada, “fácilmente un 20% menos de rendimiento podríamos tener este año en relación a la media”.

En contraste con las preocupaciones climáticas, las señales provenientes del mercado comienzan a resultar más alentadoras para los productores. Después de los valores récord registrados durante 2024, los precios atravesaron una fuerte corrección que llevó al mercado hasta niveles históricamente bajos entre finales de 2025 y comienzos de 2026. Desde entonces, comenzó una recuperación gradual.

“Hoy estamos en unos precios que están volviendo a ser razonables y viables económicamente para una producción sostenible”, destacó Franco. Además, señaló que las perspectivas internacionales permiten pensar en una posible continuidad de esa recuperación, apoyada principalmente en una menor oferta esperada en algunos de los principales países productores.

Según explicó, Estados Unidos proyecta una reducción importante de su producción, Brasil también presenta perspectivas de menor área y podría sufrir pérdidas adicionales de productividad debido al escenario climático, mientras que en Asia no se espera un crecimiento significativo de la producción. Bajo estas condiciones, los stocks mundiales tenderían a ajustarse y el consumo global podría volver a superar a la producción anual.

Para FEPARROZ, una eventual mejora de los precios internacionales podría transformarse en un factor importante para compensar parcialmente las pérdidas productivas que pudiera ocasionar El Niño. “Todo esto indica que los precios podrían ir mejorando y generando un efecto positivo que podría paliar esta situación de menor rendimiento”, señaló.

Respecto a la situación financiera del productor paraguayo, Franco reconoció que existe una realidad muy heterogénea. Los bajos precios registrados entre diciembre y enero llegaron incluso a ubicarse por debajo de los costos productivos, golpeando especialmente a quienes estuvieron obligados a comercializar una mayor proporción de su cosecha durante ese período.

Los productores que lograron anticipar ventas, retener mercadería o distribuir mejor su comercialización consiguieron obtener valores promedio más favorables. “A todos nos golpeó, pero a algunos les golpeó mejor parados y a otros un poco peor parados”, resumió Franco, quien consideró que la recuperación reciente del mercado representa una señal positiva para una campaña que, por el lado productivo, estará fuertemente condicionada por el comportamiento del clima.