El fenómeno de El Niño comenzó a consolidarse como uno de los principales factores climáticos para la producción agropecuaria de Paraguay y el Mercosur. Los modelos internacionales proyectan que el calentamiento del océano Pacífico continuará fortaleciéndose durante el segundo semestre de 2026, con sus mayores efectos esperados entre la primavera y el comienzo del verano.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos —NOAA— asigna una probabilidad del 97% de que El Niño continúe hasta comienzos de 2027. Además, estima un 81% de posibilidades de que alcance una intensidad muy fuerte durante el trimestre octubre-diciembre, lo que lo ubicaría entre los episodios de mayor magnitud registrados desde 1950.
En este contexto comenzó a utilizarse con frecuencia la expresión “Súper Niño”. Sin embargo, no se trata de una categoría meteorológica oficial. Los organismos técnicos hablan de un evento fuerte o muy fuerte y advierten que una elevada temperatura del Pacífico no garantiza impactos extremos o uniformes en todos los países. Incluso los episodios más intensos pueden presentar comportamientos diferentes según la circulación atmosférica y las condiciones de cada región.
En Paraguay, la Dirección de Meteorología e Hidrología señala que existe una probabilidad del 100% de permanencia de El Niño durante el trimestre agosto-septiembre-octubre. Los modelos utilizados por la institución prevén precipitaciones superiores al promedio sobre gran parte de la Región Oriental, mientras que en el resto del país los acumulados se mantendrían alrededor de los valores normales.
La perspectiva presenta una oportunidad para la producción, pero también obliga a reforzar la planificación. Desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería, el coordinador de Gestión de Riesgos, Édgar Mayeregger, explicó que los años bajo influencia de El Niño normalmente ofrecen mejores condiciones hídricas para el campo. “Cuando hay mayor disponibilidad de agua, las condiciones de producción suelen ser mejores mientras no sea en exceso”, sostuvo.
El MAG también recomendó preparar los sistemas productivos para una temporada con precipitaciones abundantes y períodos prolongados de alta humedad. Las medidas planteadas incluyen mejorar el drenaje de los lotes, mantener cobertura sobre el suelo, ajustar el manejo nutricional y sanitario y diseñar planes de contingencia específicos para los diferentes rubros agrícolas.
Las lluvias registradas durante las últimas semanas ya mostraron parte de esa doble realidad. De acuerdo con la Unión de Gremios de la Producción, las precipitaciones permitieron recomponer la humedad de los suelos y favorecieron el desarrollo de los cultivos de invierno. Sin embargo, también comenzaron a dificultar la cosecha de algunos cultivos de zafriña, las aplicaciones fitosanitarias y el ingreso de maquinaria a los lotes.
Para la ganadería paraguaya, un escenario con mayor disponibilidad de agua puede favorecer la recuperación de pasturas, la recarga de tajamares y la producción de forraje durante la primavera y el verano. El riesgo aparece cuando las lluvias se concentran en pocos días o mantienen los campos saturados durante períodos prolongados.
Desde el sector pecuario y el MAG advirtieron que la combinación de altas temperaturas y elevada humedad puede generar estrés térmico, reducir el desempeño de los animales e incrementar la incidencia de enfermedades parasitarias, respiratorias y podales. También deberán seguirse especialmente los campos bajos, los caminos rurales y las zonas con antecedentes de inundaciones.
En Brasil, el escenario presenta diferencias importantes entre regiones. El Instituto Nacional de Meteorología —INMET— y otros organismos oficiales proyectan que El Niño continuará intensificándose y podría alcanzar una categoría muy fuerte entre la primavera y el inicio del verano.
Los modelos brasileños muestran una mayor probabilidad de lluvias superiores al promedio en la Región Sur, mientras que el centro y norte del país podrían atravesar precipitaciones inferiores a lo normal, temperaturas elevadas y un mayor riesgo de olas de calor e incendios forestales.
En Rio Grande do Sul, el INMET ya observó durante julio la consolidación de patrones atmosféricos propios de El Niño, con un mayor transporte de humedad hacia el sur de Brasil y condiciones favorables para tormentas más frecuentes y voluminosas. Esta zona será especialmente sensible por sus antecedentes recientes de inundaciones y por su fuerte participación en la producción agrícola y ganadera regional.
Argentina espera una mayor disponibilidad de agua
El Servicio Meteorológico Nacional de Argentina informó que las condiciones oceánicas y atmosféricas ya son consistentes con una fase cálida. Para el trimestre agosto-septiembre-octubre, los modelos dinámicos y estadísticos asignan una probabilidad cercana al 100% de continuidad de El Niño.
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria —INTA— anticiparon una campaña 2026-2027 con mejores perspectivas de disponibilidad de agua. Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales, afirmó que, después de las sequías acumuladas entre 2021 y 2024, la región se encuentra en una tendencia de recuperación de los valores medios de humedad y que incluso podrían superarse.
El organismo argentino remarcó, no obstante, que la planificación deberá realizarse zona por zona. Un escenario húmedo puede favorecer a los cultivos de verano y recomponer los perfiles de los suelos, pero los excesos también pueden generar anegamientos, enfermedades, problemas de caminos y dificultades para sembrar o cosechar.
Uruguay muestra una señal más húmeda en el noreste
En Uruguay, el Instituto Uruguayo de Meteorología proyecta para el trimestre julio-agosto-septiembre una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal en el noreste del país. Para esa región asigna un 40% de probabilidad al escenario más húmedo, mientras que en el resto del territorio no aparece todavía una señal climática predominante.
INUMET también espera temperaturas medias superiores al promedio en todo el territorio uruguayo. La combinación de mayor humedad y temperaturas elevadas deberá ser seguida especialmente por los sistemas ganaderos, agrícolas y arroceros ubicados en el norte y este del país.
Una región dividida entre oportunidades y riesgos
La lectura conjunta de los modelos permite identificar un corredor con mayor señal de lluvias que comprende el sur de Brasil, gran parte de la Región Oriental de Paraguay, el nordeste y litoral argentino y el noreste de Uruguay. En estas zonas, El Niño puede favorecer la disponibilidad de agua y elevar el potencial productivo, pero también aumenta la exposición a tormentas intensas, inundaciones y problemas operativos.
El centro y norte de Brasil presentan una situación diferente, con mayor probabilidad de calor, lluvias deficitarias o irregulares y riesgo de incendios. Por eso, el impacto del fenómeno no podrá analizarse de manera uniforme para todo el Mercosur.
Para Paraguay, el escenario inicial es favorable desde el punto de vista de la disponibilidad de agua. Las lluvias pueden acompañar la implantación de los cultivos estivales, recuperar pasturas y fortalecer las reservas hídricas de los establecimientos ganaderos.
El desafío será administrar los excesos. Más que el volumen total acumulado, resultará determinante la distribución de las precipitaciones, la intensidad de cada evento y la cantidad de días consecutivos con los suelos saturados.
La llegada de El Niño no implica necesariamente una campaña negativa. Puede transformarse en un aliado importante para la agricultura y la ganadería regional, siempre que los productores, las empresas y las instituciones se anticipen a los riesgos sanitarios, logísticos y productivos que acompañan a un período con mayor disponibilidad de agua.

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