Después de más de tres décadas vinculado al sector agropecuario, Graciano Pereira, fundador de Grupo GPSA, identifica su principal logro lejos de una cifra de facturación, de una cantidad de hectáreas o del tamaño alcanzado por la compañía. Para el empresario, el verdadero valor está en el legado construido alrededor de su familia, su equipo y una forma de hacer negocios basada en la disciplina y la palabra.
Pereira fue el protagonista del primer capítulo de la segunda temporada de + Valor, donde recorrió su historia personal, el crecimiento empresarial, las decisiones que marcaron su trayectoria y el proceso de transformación de una empresa familiar que hoy transita hacia nuevas generaciones.
Su vínculo con el campo no llegó por tradición familiar. Creció en una familia del interior que, según recordó, se ganaba el sustento día a día. Su padre era músico y no existía una conexión directa con la actividad agropecuaria. Sin embargo, desde los 18 años comenzó a manifestar una fuerte inclinación hacia la producción.
“Uno tiene un talento personal, y ese talento prendió en mí desde muy chico”, señaló. Esa vocación se fue convirtiendo con el paso de los años en un proyecto empresarial que ganó escala a partir de relaciones comerciales, profesionalización y confianza.
Uno de los momentos determinantes en su trayectoria fue el vínculo construido con Syngenta, empresa con la que GPSA trabajó durante 17 años de manera exclusiva en Paraguay. Pereira asegura que esa experiencia ayudó a consolidar una cultura de trabajo basada en la disciplina, la organización y la seriedad.
Pero cuando se le pregunta por la decisión más importante de sus más de 30 años como empresario, Pereira no menciona una operación comercial ni una inversión. “La formación de mis hijos para que puedan ser responsables y asuman la responsabilidad de cada unidad de trabajo”, afirmó.
GPSA es actualmente una empresa familiar integrada por sus seis hijos, todos profesionales y con responsabilidades en distintas áreas del grupo. El proceso no fue improvisado. Pereira explicó que desde comienzos de los años 2000 la familia comenzó a trabajar con profesionales externos en la elaboración de protocolos familiares y mecanismos para ordenar el recambio generacional.
“Es un trabajo difícil y muy delicado”, reconoció. Para el fundador, el desafío está en conseguir que cada integrante encuentre su lugar profesional dentro de la compañía sin alterar los vínculos familiares.
En ese proceso también destacó el papel de su esposa, con quien lleva 52 años de matrimonio. Según Pereira, su participación fue fundamental tanto en la formación de sus hijos como en la construcción de los valores que posteriormente se trasladaron a la empresa.
Ahora el desafío comienza a extenderse hacia una tercera generación. Pereira tiene diez nietos y algunos ya están avanzando en carreras vinculadas con agronomía y agronegocios. Uno de ellos, comentó durante la entrevista, se prepara para continuar sus estudios de agronegocios en Estados Unidos.
Por eso, cuando mira hacia atrás, el fundador de GPSA entiende el legado como una combinación entre empresas, personas, puestos de trabajo y reputación. “Lo verdaderamente valioso para mí personalmente es el legado que estoy dejando a toda mi familia y el reconocimiento de todos mis amigos y de toda la gente del país”, expresó.
Y agregó una definición que resume buena parte de su filosofía empresarial: “Nos consideran gente de palabra, nos respetan por el trabajo que llevamos adelante y por la conducta que tenemos a nivel de familia y a nivel de empresa”.

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