Molino Campo presentó en la Expo Paraguay una propuesta orientada a acompañar el desarrollo de proyectos agropecuarios mediante un esquema que combina financiamiento, asistencia técnica y seguimiento productivo, con el objetivo de mejorar la rentabilidad y la eficiencia de los establecimientos.

La iniciativa surge como una evolución de lo que anteriormente operaba como Molino San Luis y apunta a convertirse en un socio estratégico para productores agrícolas y ganaderos.

Según explicó el responsable comercial de Molino Campo, Óscar Santacruz, la empresa busca adaptarse a los ciclos propios de cada actividad mediante herramientas de financiamiento que van desde seis meses hasta un año y medio, acompañadas por un equipo multidisciplinario integrado por ingenieros agrónomos y médicos veterinarios.

“Nuestra principal intención es acompañarle al productor agroganadero con una financiación acorde a su ciclo productivo. Lo que buscamos es darle mayor rentabilidad, mayor eficiencia y mayor escalabilidad al productor”, afirmó.

La propuesta parte de un diagnóstico técnico realizado junto al productor. A partir de ese análisis se identifican las principales necesidades del establecimiento y se diseña un proyecto productivo que puede incluir mejoramiento de pasturas, infraestructura, agricultura, genética o inversiones vinculadas a la producción.

Posteriormente se evalúa la viabilidad económica antes de avanzar con su ejecución.

Santacruz aclaró que no todos los proyectos son automáticamente financiados, sino que cada caso es analizado de forma individual. “Nos sentamos con el productor, vemos cuál es su necesidad, armamos un proyecto, analizamos la rentabilidad y el retorno que puede tener. A partir de eso avanzamos en la ejecución”, señaló.

Uno de los diferenciales del modelo es que el diseño técnico del proyecto no tiene costo para el productor. La empresa analiza la información productiva del establecimiento, proyecta escenarios de mejora y determina si la inversión genera un retorno suficiente para ambas partes. “Siempre decimos que nuestro objetivo principal es que el productor pueda ganar. Si el productor no gana, para nosotros no es negocio por el sistema que estamos implementando. Primero el productor tiene que tener retorno y recién ahí nosotros obtenemos el nuestro”, sostuvo.

Desde Molino Campo consideran que Paraguay todavía posee un amplio margen para incrementar su productividad, especialmente en la ganadería. Santacruz recordó que durante una charla técnica realizada en el stand de la empresa se presentaron datos que estiman la existencia de más de 13 millones de hectáreas de pasturas degradadas en el país, una situación que limita la expresión del potencial genético del rodeo.

“El potencial de mejorar la productividad tanto en agricultura como en ganadería es demasiado grande. Muchas veces ese crecimiento se ve frenado por la falta de flujo de caja y ahí es donde entra Molino Campo con un apalancamiento estratégico”, explicó.

En ese sentido, indicó que el objetivo es permitir que productores que ya cuentan con conocimientos técnicos, pero limitaciones financieras, puedan ampliar la escala de sus proyectos o ejecutar mejoras que de otra manera deberían postergar.

La empresa asegura que su acompañamiento no se limita al financiamiento de insumos, sino que incluye el seguimiento técnico durante todo el ciclo productivo, desde la planificación hasta la cosecha o la comercialización de la producción. “Nos enfocamos realmente en el resultado. Nuestro producto principal no es un insumo específico, sino el resultado que pueda obtener el productor agrícola o ganadero en su campo”, remarcó Santacruz.

Para ello, Molino Campo desarrolla proyecciones utilizando información real de cada establecimiento, como carga animal, índices productivos y capacidad del campo, complementadas con datos técnicos y científicos que permiten estimar el impacto de las mejoras propuestas.

El ejecutivo señaló que la empresa ya acumula experiencias en proyectos agrícolas y ganaderos, incluyendo sistemas de cría, recría, terminación a pasto, confinamiento y cultivos como soja, maíz, arroz y forrajes, donde el seguimiento integral permitió validar el modelo de trabajo.

Finalmente, Santacruz destacó que los tiempos para evaluar y estructurar un proyecto son variables y dependen tanto de la complejidad de la propuesta como de la disponibilidad de información del establecimiento. En algunos casos el proceso puede resolverse en una semana y, en otros, demandar hasta dos meses, siempre considerando los ciclos propios de cada actividad agropecuaria. “Invitamos a los productores a acercarse, conocer cómo trabajamos y analizar su proyecto. Armamos ese estudio sin costo, con datos reales del establecimiento y sobre esa base definimos si existe una oportunidad de generar más productividad y rentabilidad”, concluyó.