El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico y los modelos meteorológicos comienzan a mostrar señales cada vez más importantes para Paraguay, especialmente de cara a la primavera, el verano y parte del otoño de 2027. José María Rodríguez, analista meteorológico, advirtió que gran parte del territorio nacional podría enfrentar períodos de lluvias muy superiores a los registros normales, con una incidencia particularmente marcada en el centro, sur y este del país.

En entrevista con Valor Agro, Rodríguez explicó que las proyecciones actuales muestran un calentamiento muy importante en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial, una de las principales áreas utilizadas para monitorear la evolución de El Niño y su influencia sobre el clima global. De acuerdo con su análisis, hacia noviembre y diciembre la anomalía de temperatura podría superar los 3 °C e incluso aproximarse a 3,5 °C.

“Se puede decir ya que el fenómeno de El Niño 2026-2027 va a ser, por lo menos desde la lectura de los modelos actuales, uno de los más intensos desde que existen registros”, señaló Rodríguez, quien sostuvo que el escenario proyectado tendría una clara incidencia sobre Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y el este de Argentina.

Para Paraguay, la señal más importante comenzaría a observarse con mayor claridad a partir de octubre y noviembre, cuando normalmente se activa la temporada de lluvias después del invierno. Rodríguez proyectó precipitaciones muy por encima de lo normal en buena parte del país, una condición que podría alternarse con períodos relativamente cortos de estabilidad.

“El comportamiento generalmente de El Niño tiene eso: tenemos un par de semanas con mucha actividad de tormentas severas, después viene una tregua de una semana, una semana y media o dos semanas, y después vuelve el mismo ciclo”, explicó. Según el especialista, El Niño funciona como “el director de la orquesta”, aportando las condiciones de humedad necesarias para potenciar sistemas meteorológicos de menor duración que pueden generar tormentas intensas.

La preocupación adquiere especial relevancia para el sector productivo. Paraguay ingresa a una primavera determinante para la ganadería, con una fuerte intención de servir vientres, mejorar los índices reproductivos y comenzar a recomponer el stock bovino. Al mismo tiempo, las principales regiones agrícolas avanzan hacia una nueva campaña, por lo que excesos de humedad, tormentas severas o dificultades para ingresar a los campos podrían transformarse en factores a seguir de cerca.

Rodríguez estimó que alrededor del 60% del territorio paraguayo podría sentir una incidencia importante de El Niño, principalmente con lluvias por encima de los valores normales. Boquerón, Alto Paraguay y el norte de Presidente Hayes tendrían un comportamiento diferente: se esperan lluvias propias de la temporada húmeda, aunque sin una señal tan marcada de excesos como en otras regiones.

Uno de los datos más contundentes planteados por el analista corresponde al sur del país. “De julio de este año hasta julio del año que viene podríamos tener más de 2.000 milímetros de lluvia acumulada en el sur de Paraguay”, afirmó. Departamentos como Itapúa, Misiones y Alto Paraná ya registraron durante las últimas semanas episodios de precipitaciones importantes, en coincidencia con eventos observados también en el sur de Brasil y el nordeste argentino.

El escenario también podría trasladarse a los principales cursos de agua. Rodríguez señaló una alta probabilidad de incrementos importantes en los niveles de los ríos Iguazú, Paraná y Paraguay durante los próximos meses. Esto podría generar no solamente riesgos de desbordes en determinadas zonas, sino también desafíos para la logística de exportación paraguaya a través de la Hidrovía.

En cuanto a la evolución temporal, el especialista señaló que octubre y noviembre podrían mostrar una fuerte influencia del fenómeno, seguida eventualmente por una “pequeña tregua” durante diciembre. Posteriormente, febrero y marzo volverían a mostrar condiciones favorables para una mayor incidencia de El Niño, mientras que incluso durante el otoño de 2027 podrían persistir algunas de sus consecuencias.

Rodríguez remarcó además que, si bien El Niño permite anticipar tendencias generales de mediano plazo, los episodios concretos de tormentas severas se pueden identificar con mayor precisión pocos días antes. En ese sentido, indicó que los sistemas capaces de generar las lluvias más intensas pueden comenzar a advertirse aproximadamente cuatro o cinco días antes de su llegada, una información que será clave para que productores agrícolas y ganaderos puedan anticipar decisiones de manejo.

La señal que dejan actualmente los modelos obliga, por tanto, a seguir con atención la evolución climática de los próximos meses. Para la producción paraguaya, el agua puede representar una oportunidad importante para pasturas, cultivos y reservas, pero bajo un escenario de El Niño intenso también aumenta el riesgo de excesos, anegamientos, dificultades operativas y eventos meteorológicos severos.