La ganadería paraguaya atraviesa una etapa de mayor retención de hembras y búsqueda de recomposición del stock bovino, pero aumentar la cantidad de vientres disponibles es solamente una parte del desafío. La preparación nutricional antes del servicio, el mantenimiento de una adecuada condición corporal durante la gestación y el manejo posterior aparecen como factores determinantes para transformar esos vientres en más terneros y, finalmente, en más kilos producidos.

Lucas Chagas, gerente técnico comercial de Nutroeste Nutrición Animal, señaló en Valor Agro que el escenario actual presenta una oportunidad importante para la cría, luego de un período caracterizado por una elevada faena de hembras. Según explicó, el mercado comenzó a mostrar con mayor claridad la necesidad de producir terneros, impulsando una mayor retención de vientres por parte de los productores.

“El producto clave es el ternero”, afirmó Chagas, quien remarcó que para capitalizar ese escenario el punto de partida debe ser un buen desarrollo corporal de las hembras. “Toda la nutrición que podemos aportar no supera una base bien hecha. Lo básico es una buena alimentación, un buen desarrollo corporal y complementar de acuerdo con la necesidad”, expresó.

Uno de los aspectos que destacó es la importancia de evitar fuertes oscilaciones de peso durante el ciclo reproductivo. De acuerdo con Chagas, actualmente existe mayor evidencia sobre la relevancia que tiene la nutrición desde las primeras etapas de la gestación y no solamente durante el tercio final. “El estado nutricional de la madre puede influir en la formación del ternero y en su potencial posterior de crecimiento y desarrollo”, apuntó.

Por ese motivo, sostuvo que mantener una condición corporal relativamente estable resulta fundamental. “Hay que tratar de evitar períodos donde el animal pierde peso marcadamente y después recupera. Eso complica la calidad de la reproducción”, explicó.

El manejo requiere todavía mayor atención cuando se trata de vaquillas de primer servicio. Chagas recordó que son animales que continúan en crecimiento al mismo tiempo que comienzan a enfrentar una exigencia reproductiva, por lo que sus requerimientos nutricionales son diferentes a los de una vaca adulta.

En muchos casos, estas hembras llegan desde sistemas de recría con suplementación proteica o proteico-energética, que puede ser necesario mantener para alcanzar un peso y desarrollo adecuados al momento de la reproducción y posteriormente del parto.

Según el técnico, las diferencias de resultados pueden ser muy importantes. Con una correcta nutrición y un buen desarrollo corporal, indicó que los índices reproductivos en primerizas pueden pasar de niveles promedio de entre 40% y 60% a resultados de 70% o superiores. “Prácticamente se puede doblar el potencial en las primerizas cuando la nutrición y el desarrollo corporal están bien marcados”, afirmó.

Para los vientres de mayor edad y varios partos, la estrategia debe ajustarse a las condiciones particulares de cada establecimiento. La disponibilidad y calidad de las pasturas determina el nivel de suplementación necesario, aunque Chagas hizo especial énfasis en mantener una adecuada provisión mineral, principalmente fósforo y microminerales vinculados al desempeño reproductivo.

En este contexto, consideró que la planificación debe realizarse con anticipación y no como respuesta a una situación climática adversa. Incluso frente a una primavera con buenas condiciones forrajeras, el exceso de precipitaciones también puede generar dificultades para el manejo de las pasturas, la suplementación y el confort animal. “Nunca deberíamos estar respondiendo a la inclemencia climática; tenemos que anticiparnos”, señaló.

Chagas destacó que aumentar la cantidad de hembras es solamente una de las herramientas para incrementar la producción. A eso deben sumarse mejores porcentajes de preñez y un mayor peso al destete. Un ternero más pesado no solamente genera un mayor ingreso en el momento de la venta, sino que también permite acelerar las etapas posteriores de recría y terminación.

En ese objetivo, existen diferentes herramientas que pueden aplicarse según las necesidades de cada establecimiento, desde la suplementación estratégica de la vaca hasta sistemas de creep feeding para el ternero. Para Chagas, el objetivo final debe ser aprovechar el potencial de crecimiento antes del destete y producir un animal que permita maximizar los kilos obtenidos por cada vientre dentro del sistema.

“Hoy no podemos pensar en tener un vientre vacío o una vaquilla que pierda su primer servicio”, afirmó. En un escenario donde la eficiencia económica adquiere cada vez mayor importancia, sostuvo que el desafío pasa por planificar nutrición, reproducción y manejo de manera conjunta, buscando obtener la mayor productividad posible sin recurrir necesariamente a intervenciones costosas o excesivas.