Estados Unidos confirmó la detección del primer caso de gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax) en su territorio en más de seis décadas, una noticia que encendió las alarmas sanitarias y productivas en uno de los principales países ganaderos del mundo.
El foco fue identificado en un ternero de tres semanas de edad en el condado de Zavala, al sur de Texas, cerca de la frontera con México.
El hallazgo fue confirmado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), que activó de inmediato un plan de emergencia para evitar la propagación del parásito, considerado una de las amenazas sanitarias más importantes para la ganadería debido a que sus larvas se alimentan de tejido vivo y pueden provocar graves lesiones e incluso la muerte de los animales afectados.
Según las autoridades estadounidenses, hasta el momento se trata de un caso aislado, aunque se dispuso una intensa vigilancia epidemiológica en la región para detectar cualquier posible expansión.
Como parte de las medidas de respuesta, el USDA estableció una zona infestada de aproximadamente 20 kilómetros alrededor del foco detectado, implementó cuarentenas y restricciones al movimiento de animales susceptibles, reforzó la vigilancia sanitaria y aceleró la liberación de moscas estériles, una estrategia que históricamente permitió erradicar la enfermedad en Norteamérica.
Actualmente, Estados Unidos ya libera cerca de cuatro millones de moscas estériles por semana en la región fronteriza, mientras que el programa conjunto con México supera los 100 millones de insectos semanales. La técnica consiste en liberar machos esterilizados que se aparean con hembras silvestres sin generar descendencia, reduciendo progresivamente la población del insecto.
Además, el USDA anunció el despliegue de equipos de respuesta especializados, un aumento de las trampas de monitoreo y acciones específicas sobre fauna silvestre, considerada un posible reservorio de la plaga.
La detección marca el regreso del gusano barrenador a Texas por primera vez desde 1966, año en que Estados Unidos logró erradicar oficialmente la enfermedad mediante un programa binacional con México. Posteriormente, el país enfrentó un brote aislado en Florida en 2017, que también fue controlado.
La reaparición ocurre luego de varios meses de preocupación por el avance de la plaga desde Centroamérica hacia México y la frontera estadounidense. De hecho, Washington había suspendido previamente las importaciones de ganado en pie provenientes de México como medida preventiva frente al riesgo sanitario.
El caso generó una reacción inmediata en los mercados ganaderos estadounidenses debido al riesgo que representan eventuales restricciones de movimiento en un contexto de escasez histórica de ganado.
Actualmente, el rodeo bovino de Estados Unidos se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 75 años, situación que ha contribuido a sostener precios récord para la carne vacuna.
Si bien las autoridades sanitarias insistieron en que no existen evidencias de una infestación generalizada, el episodio vuelve a poner en el centro de la discusión la importancia de la vigilancia epidemiológica y los sistemas de prevención para evitar que la enfermedad se establezca nuevamente en Norteamérica.
“Estados Unidos ya ha derrotado a esta plaga anteriormente, y lo volveremos a hacer”, señaló el USDA al anunciar las medidas de contención.

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