Argentina anunció la apertura del mercado japonés para la carne bovina y lengua provenientes de zonas libres de fiebre aftosa con vacunación, después de 20 años de negociaciones. El acuerdo amplía las oportunidades comerciales de la ganadería regional frente a uno de los compradores más exigentes del mundo, aunque el inicio de las exportaciones dependerá de una próxima auditoría y de la habilitación de los establecimientos interesados.

La dimensión del destino explica su importancia: Japón importa, en promedio, cerca de 500.000 toneladas anuales de carne fresca y congelada, por más de US$ 3.100 millones, según información del Gobierno argentino. Acceder a ese mercado permite diversificar compradores y buscar oportunidades de valorización para distintos productos de la cadena bovina.

El entendimiento también representa un nuevo antecedente sanitario para el Mercosur. Argentina se suma a Uruguay como segundo proveedor autorizado para carne bovina procedente de territorios libres de aftosa con vacunación. Hasta ahora, Uruguay era el único país que ingresaba a Japón bajo esa condición, de acuerdo con su Gobierno. El avance argentino refuerza así la posibilidad de acceder manteniendo la vacunación, siempre que se cumplan las garantías exigidas por el comprador.

Argentina ya tenía acceso desde 2018 para la carne de su zona libre de aftosa sin vacunación. La ampliación incorpora ahora la región donde se concentra buena parte de su producción. Un paso decisivo ocurrió en febrero de 2026, cuando Japón aprobó el análisis de riesgo sanitario correspondiente a la zona con vacunación.

Superada la negociación sanitaria, el desafío comercial pasa por los aranceles. Japón aplica una tasa general de 38,5% a la carne bovina, mientras ofrece condiciones preferenciales a proveedores con acuerdos comerciales. Por eso, profundizar el vínculo y negociar una reducción de esa carga aparece como un objetivo relevante para transformar la apertura en negocios sostenidos y competitivos.

La experiencia uruguaya muestra el peso de esa diferencia. El Instituto Nacional de Carnes ha señalado que las barreras arancelarias restringen el crecimiento de su participación en Japón. Aun así, el país mantiene una estrategia de promoción y posicionamiento: en febrero de este año, su vicepresidente, Leonardo Bove, destacó en Valor Agregado el interés japonés por la carne uruguaya y las dificultades que plantea el arancel.

Para Paraguay, que espera una segunda visita técnica dentro de las tres previstas, el anuncio argentino aporta otro antecedente favorable mientras continúa su propio proceso. La primera auditoría japonesa se realizó en agosto de 2025 y evaluó el programa de salud animal. Aquella inspección no incluyó plantas frigoríficas, cuya revisión fue prevista para una etapa posterior.

Brasil también busca ingresar, aunque todavía continúa en evaluación de riesgo para la carne bovina. En una entrevista publicada por Folha el 15 de septiembre, el canciller japonés, Toshimitsu Motegi, confirmó que ese análisis seguía en curso. El país cuenta con reconocimiento de libre de aftosa sin vacunación en todo su territorio desde 2025, pero ese estatus no sustituye el procedimiento de aprobación del mercado japonés.

La lectura para la ganadería regional es que Japón ofrece oportunidades para ampliar destinos y mejorar la valorización de la producción, pero concretarlas exige completar las habilitaciones, desarrollar compradores y reducir desventajas comerciales. El avance argentino fortalece el antecedente sanitario para Paraguay y vuelve a poner los aranceles en el centro de la agenda exportadora del Mercosur.