El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a generar discusión dentro del bloque regional, especialmente por el acceso de las carnes sudamericanas al mercado europeo y por el reducido volumen de las cuotas acordadas frente a la capacidad productiva de la región.

A pocos días de la entrada en vigor provisional del tratado, especialistas en comercio internacional advierten que el principal desafío no será solamente acceder al mercado, sino cómo se distribuirán los cupos entre los países del Mercosur.

El consultor en comercio internacional Gonzalo Oleggini señaló que “las cuotas a las cuales accede el Mercosur en el acuerdo con la Unión Europea no son suficientes para el volumen de producción de esta región”, marcando una de las principales preocupaciones que hoy atraviesa a las cadenas cárnicas del bloque.

Según explicó, el inicio operativo del acuerdo ya mostró señales de la fuerte competencia interna que existirá por el acceso a los contingentes arancelarios.

Uno de los primeros ejemplos se dio con la cuota de miel, que se agotó prácticamente en el primer día de funcionamiento del acuerdo, situación que para Oleggini anticipa lo que podría suceder con otros productos agroindustriales.

“El primero que llega vende”, resumió el especialista, al referirse al mecanismo de asignación que hoy todavía no tiene una división clara entre los países miembros del Mercosur.

En el caso de la carne bovina, el acuerdo contempla una cuota de 99.000 toneladas anuales para el Mercosur, además de contingentes para carne aviar, arroz y maíz. Sin embargo, todavía no existe un criterio definitivo para repartir esos volúmenes entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, lo que abre un escenario de competencia comercial dentro del propio bloque regional.

Para Paraguay, el acuerdo representa una oportunidad estratégica, principalmente por el posicionamiento sanitario y exportador que viene consolidando la carne paraguaya en los últimos años. No obstante, el escenario también genera incertidumbre, ya que Brasil y Argentina cuentan con una estructura exportadora de mayor escala y con empresas que históricamente operan en el mercado europeo.

Oleggini advirtió además que, aunque el acuerdo elimina aranceles para cerca del 70% del universo de productos desde el inicio, eso “no garantiza negocios automáticos”, ya que las empresas deberán competir en logística, velocidad comercial, certificaciones y cumplimiento de exigencias europeas.

La discusión sobre la carne toma todavía más relevancia en un contexto donde Europa mantiene fuertes sensibilidades políticas respecto al ingreso de proteínas animales sudamericanas. Organizaciones rurales europeas continúan cuestionando el acuerdo por considerar que existe una competencia desigual en materia ambiental y sanitaria.

A esto se suma la reciente decisión de la Unión Europea de suspender desde septiembre las importaciones de carne brasileña por cuestionamientos vinculados al uso de antimicrobianos, una medida que podría alterar el equilibrio comercial dentro del Mercosur y eventualmente abrir mayores oportunidades para otros proveedores regionales, entre ellos Paraguay y Uruguay.

El acuerdo entre ambos bloques crea un mercado de más de 700 millones de personas y es considerado uno de los mayores tratados comerciales del mundo. Sin embargo, para la cadena cárnica del Mercosur el foco inmediato pasa por resolver cómo administrar cuotas consideradas insuficientes frente al potencial exportador de la región y cómo capitalizar el acceso europeo en un escenario de creciente competencia global.