Ante la necesidad de incrementar la producción de terneros y los desafíos climáticos que podría generar el fenómeno de El Niño, la incorporación de tecnologías nutricionales y de manejo cobra cada vez mayor importancia en los sistemas de cría. Freddy Núñez, técnico de Granusa, destacó que herramientas como el destete precoz y el creep feeding permiten mejorar la eficiencia reproductiva de las vacas, potenciar el desarrollo de los terneros y elevar la productividad de los establecimientos ganaderos.
En conversación con Valor Agregado, Núñez explicó que la aplicación de tecnologías en los rodeos de cría tiene un impacto directo sobre los principales indicadores productivos, especialmente el porcentaje de preñez, la reducción de pérdidas y el peso de los terneros al destete. En un escenario marcado por la necesidad de recomponer el stock ganadero y producir más kilos de carne, consideró fundamental avanzar hacia sistemas de manejo más eficientes.
“Está demostrado estadísticamente que, en la medida en que se aplica tecnología en una unidad de cría, mejoran exponencialmente los indicadores productivos. Hablamos del porcentaje de preñez, la reducción de mermas y cómo lograr mejorar el peso al destete”, señaló.
El especialista indicó que, particularmente en establecimientos del departamento de Presidente Hayes, se está trabajando con dos estrategias nutricionales que adquieren especial relevancia frente a las perspectivas de mayores precipitaciones asociadas al fenómeno de El Niño: el destete precoz y el creep feeding.
En el caso del destete precoz, explicó que consiste en separar al ternero de su madre a una edad aproximada de entre 60 y 80 días, incorporando una alimentación balanceada que permita cubrir sus requerimientos nutricionales y sostener su desarrollo. Para ello, destacó la importancia de utilizar productos formulados específicamente para esta etapa fisiológica, como los que ofrece Granusa.
Por su parte, el creep feeding permite suplementar al ternero mientras permanece al pie de la madre, mediante espacios de alimentación exclusivos a los que solamente acceden los animales jóvenes. Núñez explicó que esta estrategia puede implementarse con suplementos minerales específicos o alimentos balanceados, dependiendo de los objetivos productivos y de la relación costo-beneficio. “Con el creep feeding el ternero sigue mamando, pero tiene acceso exclusivo a un corralito con suplementación. Podemos trabajar con una sal mineral específica, que presenta una relación costo-beneficio muy interesante, o directamente con un balanceado”, detalló.
Uno de los principales beneficios del destete precoz es la reducción de las exigencias nutricionales de la vaca, permitiendo recuperar su condición corporal y mejorar sus posibilidades de volver a quedar preñada. Según Núñez, esta práctica puede contribuir a disminuir entre un 20% y un 30% los requerimientos de consumo de materia seca del rodeo, dependiendo de las condiciones de manejo.
“¿Cuál es nuestro objetivo principal? Mejorar esa condición corporal, que esa vaca pueda ciclar rápidamente y continuar con su curso de fábrica de terneros. Necesitamos un ternero por vaca por año”, enfatizó.
El técnico agregó que estas herramientas pueden complementarse con programas de suplementación mineral y nutricional de las madres, ajustados a su estado corporal y a las metas reproductivas de cada establecimiento.
El potencial de aumentar la productividad
Para dimensionar el impacto de estas tecnologías, Núñez planteó una comparación entre diferentes escenarios productivos. En un sistema de cría con terneros de 160 kilogramos al destete y un índice de preñez del 60%, el desempeño resulta considerablemente inferior al de un establecimiento que logra elevar el peso al destete a 200 o 210 kilogramos y alcanzar índices reproductivos de entre 85% y 90%.
“Si hacemos bien la estrategia, con destete precoz, creep feeding y una buena suplementación de la madre, podemos lograr terneros de 200 o 210 kilogramos al destete y porcentajes de preñez del 85% al 90%”, sostuvo, señalando que son resultados alcanzables en establecimientos del Chaco con un manejo adecuado.
Núñez ejemplificó que estas mejoras pueden representar diferencias importantes en la producción de kilos de carne. No obstante, para trasladar esos resultados a kilogramos por hectárea también deben considerarse la carga animal, la superficie utilizada y otros indicadores de eficiencia del sistema.
Finalmente, el técnico de Granusa remarcó que la genética constituye la base del potencial productivo, pero que los resultados dependen de acompañarla con alimentación equilibrada, tecnología y decisiones oportunas de manejo. “La genética pone el potencial, pero con un buen manejo y una buena alimentación equilibrada mejoramos la cantidad de terneros y sumamos más kilogramos al peso al destete. Ese es el objetivo y la clave de una unidad de cría”, concluyó Núñez.

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