Las favorables condiciones hídricas registradas durante el otoño y las perspectivas climáticas para los próximos meses ya están impulsando la planificación de la próxima campaña de implantación y reforma de pasturas en Paraguay.

Desde Campofé señalaron que este es un momento clave para que los productores evalúen el estado de sus potreros y definan las intervenciones necesarias para maximizar la producción forrajera de cara a la primavera y el verano.

Jorge Martínez Sosa, responsable del área de semillas forrajeras de Campofé, explicó a Valor Agro que el escenario climático actual ofrece una oportunidad importante para trabajar en la actualización de las pasturas, aunque advirtió que los pronósticos de un posible año Niño obligarán a una planificación más anticipada.

“Estamos finalizando el otoño con muy buena humedad en la mayoría de las regiones. Pero también estamos entrando en el período donde debemos definir las intervenciones y las especies que vamos a introducir para ejecutar los trabajos dentro de las ventanas ideales”, indicó.

El técnico sostuvo que los principales modelos climáticos coinciden en la probabilidad de un año Niño, aunque todavía no existe una definición sobre su intensidad.

“La mayoría de los pronósticos indican que tendremos precipitaciones por encima de la media. Eso es positivo para el desarrollo de las pasturas, pero también significa que las ventanas para realizar los trabajos serán más cortas, por lo que necesitamos anticipar las decisiones”, remarcó.

¿Cuándo es momento de reformar una pastura?

Martínez Sosa señaló que uno de los principales desafíos para los productores es identificar cuándo una pastura necesita mantenimiento y cuándo es necesaria una reforma más profunda.

Según explicó, el criterio principal es la cobertura del suelo y la capacidad de la pastura para mantener la productividad del sistema.

“La cobertura es el indicador más importante. También debemos observar la presencia de malezas, tanto leñosas como herbáceas, y la pérdida de receptividad de los potreros. Cuando el productor comienza a sentir que el campo sostiene menos carga animal que antes, es una señal clara de degradación”, afirmó.

En ese sentido, destacó que cada vez más productores entienden que el pasto es la base de los sistemas ganaderos y que las inversiones en forraje terminan reflejándose directamente en la productividad.

Desde Campofé señalaron que ya se observa una importante actividad comercial vinculada a la próxima campaña de primavera.

“Hace varios meses estamos trabajando en la evaluación y el diseño de proyectos de reforma. También vemos consultas constantes sobre precios y alternativas de semillas forrajeras, lo que demuestra un interés creciente por parte de los productores”, comentó.

Además, el profesional destacó que la empresa acompaña al productor durante todo el proceso, desde el diagnóstico inicial hasta la ejecución de los trabajos.

“Primero evaluamos si realmente existe necesidad de reforma o mantenimiento. Luego definimos la intervención adecuada, elaboramos un plan de trabajo y armamos un presupuesto. Después acompañamos con la provisión de insumos y el seguimiento técnico durante toda la implementación”, explicó.

Respecto a los niveles de inversión, Martínez Sosa indicó que una reforma total de un potrero demanda actualmente una inversión cercana a los US$ 200 por hectárea.

“Si hablamos de un reseteo completo o una reforma total de la pastura, estamos en torno a los 200 dólares por hectárea. A partir de ahí existen otras intervenciones de mantenimiento que tienen costos menores”, señaló.

El valor puede variar según la región, las especies forrajeras seleccionadas y el paquete tecnológico utilizado.

Por otra parte, cuando se trata de desarrollos nuevos sobre campos sin infraestructura ni mecanización previa, las inversiones son considerablemente mayores.

“En zonas como el Chaco, donde todavía existen áreas en proceso de desarrollo, estamos hablando de inversiones que oscilan entre 700 y 1.000 dólares por hectárea”, detalló.

Estos montos contemplan no solamente la implantación de las pasturas, sino también obras complementarias como alambrados, sistemas de agua, caminería interna, corrales y otras instalaciones necesarias para el funcionamiento del establecimiento.