Las intensas precipitaciones registradas en las últimas semanas en el Chaco paraguayo provocaron un escenario crítico en la zona de General Bruguez, donde el desborde del río Pilcomayo generó inundaciones generalizadas, aislamiento de poblaciones y severas pérdidas productivas.

Entrevistado en Valor Agro, para el intendente de Bruguez, Omar Cabanellas, la situación “tiene un tremendo impacto” tanto a nivel social como económico.

En apenas dos semanas, la zona acumuló cerca de 500 milímetros de lluvia, llevando el total anual a más de 800 milímetros, un volumen que superó ampliamente los pronósticos y la capacidad de drenaje natural del territorio. “El Chaco es una palangana”, graficó Cabanellas, al explicar que los ríos Pilcomayo y Confuso no logran evacuar semejante caudal hacia el río Paraguay, lo que deriva en anegamientos persistentes en amplias superficies.

El fenómeno, aclaró el jefe comunal, no responde a problemas de mantenimiento de los cauces, sino a la magnitud extraordinaria de las precipitaciones. “Los ríos no dan abasto para tantas aguas”, sostuvo, al tiempo de remarcar que el desborde del Pilcomayo fue determinante en el agravamiento del cuadro.

El impacto es total. Las inundaciones afectan tanto a la población como a la producción. Caminos completamente anegados dejaron a varias comunidades sin conexión terrestre, accesibles únicamente por vía aérea, mientras que los campos ganaderos —actividad central en la región— también quedaron bajo agua.

A esto se suma una de las consecuencias más sensibles: la pérdida total de cultivos de autoconsumo. “La gente perdió todas sus plantaciones”, lamentó Cabanellas, en referencia a producciones de batata, poroto y horticultura que constituyen el sustento básico de muchas familias asentadas en la zona ribereña.

Frente a este escenario, las autoridades locales comenzaron a gestionar alternativas de alivio financiero.

El intendente señaló que ya se canalizaron inquietudes a través de las regionales de la Asociación Rural del Paraguay, con el objetivo de avanzar en gestiones ante el sistema financiero. “Tenemos que ver un mecanismo con los bancos estatales y privados para mitigar el cobro de créditos en la zona”, indicó, planteando la necesidad de extender plazos o generar herramientas de apoyo para los productores afectados.

En paralelo, el monitoreo climático sigue siendo clave. Si bien en las últimas horas se registraron condiciones más favorables, con sol y viento sur que comienzan a favorecer el descenso de las aguas, los pronósticos aún generan preocupación. “No son alentadores”, reconoció Cabanellas, aunque destacó que el comportamiento del Pilcomayo genera cierta expectativa: “Así como sube muy rápido, también baja de la misma manera”.

Mientras tanto, en el Chaco la prioridad pasa por contener la emergencia, asistir a las comunidades aisladas y comenzar a delinear una estrategia de recuperación para una región golpeada por uno de los eventos climáticos más severos de los últimos tiempos.