Por Dr. Federico Krauer | Para Valor Agro  Director de PROCAMPO Consultoría Agropecuaria

Un mejor precio del ganado es una buena noticia para la producción. Sin embargo, mirar únicamente la cotización en dólares puede llevarnos a una conclusión incompleta sobre el resultado del negocio. Para saber si el productor realmente gana más, debemos analizar cuánto recibe efectivamente por sus ventas, qué costos debe afrontar y qué capacidad conserva para reponer los animales y continuar produciendo.

En la ganadería paraguaya conviven distintas referencias monetarias. El ganado destinado a faena suele negociarse con una referencia en dólares, mientras que la reposición, los salarios y diversos servicios se pagan o acuerdan en guaraníes. Esa combinación adquiere especial importancia cuando baja el tipo de cambio: el ingreso convertido a moneda nacional puede perder fuerza frente a gastos que no se ajustan en la misma proporción.

Un ejemplo permite dimensionar este efecto. Una venta de US$ 1.350 equivale a G. 10.530.000 con un dólar a G. 7.800. Si el tipo de cambio fuera de G. 5.700, esa misma operación representaría G. 7.695.000. La diferencia sería de G. 2.835.000, equivalente a una reducción del 26,9%. Son cotizaciones ilustrativas para explicar el mecanismo, no una comparación entre valores actuales.

Incluso una suba importante del ganado en dólares puede traducirse en una mejora relativamente pequeña en guaraníes. Si tomamos como ejemplo un precio por kilogramo que pasa de US$ 3,80 a US$ 5,45, el aumento es del 43,4%. Pero al convertir esos valores con los tipos de cambio anteriores, respectivamente, el ingreso pasa de G. 29.640 a G. 31.065 por kilogramo: una mejora de apenas 4,8%. Y ese incremento todavía no representa ganancia, porque falta descontar los costos de producción y comercialización.

Esto tampoco significa que todos los establecimientos enfrenten el mismo resultado. Hay costos vinculados al dólar que pueden abaratarse en guaraníes cuando cae su cotización, y las condiciones de venta, cobro y financiamiento varían entre empresas. Por eso, el efecto cambiario debe medirse sobre las cuentas de cada establecimiento. Una variación del ingreso bruto no equivale, por sí sola, a una variación de la rentabilidad.

La reposición es otro componente decisivo. Vender mejor el animal terminado no garantiza conservar la capacidad de compra si el ternero también aumenta de precio. En un escenario ilustrativo, un capital de US$ 10.000 permite adquirir 19 terneros completos a US$ 521 por cabeza. Si el valor sube a US$ 695, ese mismo presupuesto alcanza para 14. El productor necesita entonces más capital para sostener una cantidad similar de animales en su sistema.

Aquí aparecen diferencias entre las etapas del negocio. Para el criador, un ternero más caro puede representar una mejora de sus ingresos. Para quien compra esa reposición y la lleva hasta la terminación, implica una inversión inicial mayor y una exigencia adicional sobre el margen. En el ciclo completo, producir los propios terneros reduce la necesidad de comprarlos, aunque también corresponde reconocer su valor al evaluar el resultado de cada etapa.

La discusión, por lo tanto, debe ir más allá del precio de venta. Importan la relación entre el valor de compra y el de salida, los kilos producidos, el tiempo que permanece cada animal en el establecimiento y el capital necesario para completar el ciclo. Dos empresas que venden al mismo precio pueden obtener resultados muy distintos por sus costos, su productividad y sus condiciones financieras.

Frente a este escenario, mejorar los indicadores productivos es una herramienta concreta. Un rodeo de 500 vacas con un destete del 75% produce 375 terneros. Si alcanza el 85%, obtiene 425: son 50 terneros adicionales con la misma cantidad de vientres. Esa diferencia puede contribuir a distribuir mejor los costos y aumentar los ingresos, siempre que las inversiones necesarias para lograrla sean económicamente justificadas.

La eficiencia también requiere gestión: conocer los costos, planificar las compras, evaluar el financiamiento y controlar la ejecución de las decisiones sanitarias, reproductivas y nutricionales. Producir más tiene sentido cuando esa mejora fortalece el margen y permite sostener el negocio.

La ganadería paraguaya tiene potencial para crecer y generar más valor. Convertir esa oportunidad en resultados sostenibles exige mirar el negocio completo. El mejor precio de venta debe reflejarse en capacidad de reposición, inversión y continuidad productiva. Porque vender más caro es importante, pero producir con rentabilidad es lo que permite seguir adelante.