La garrapata está dejando de ser un problema sanitario localizado para convertirse en una preocupación cada vez más importante para la ganadería paraguaya, apuntó Albert Gunther, vicepresidente de la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec), quien señaló que durante los últimos dos años comenzó a observarse la presencia del parásito en regiones donde anteriormente no representaba una amenaza significativa.

En conversación con Valor Agro, Gunther explicó que históricamente el control de la garrapata se abordaba mediante tratamientos específicos, principalmente durante el inicio del periodo de lluvias. Sin embargo, aseguró que el escenario cambió y que actualmente el problema requiere mayor atención de los establecimientos ganaderos. “Realmente es una preocupación muy seria que tengo. Hace dos o tres años no lo veía así, lo veía como un tratamiento específico, sobre todo cuando comenzaban las lluvias. Pero desde hace dos años vemos que está apareciendo en zonas donde antes no había”, expresó.

Como ejemplo, mencionó campos naturales de Cordillera, caracterizados por condiciones de humedad que anteriormente limitaban la supervivencia de los huevos del parásito. Según explicó, los años secos modificaron ese escenario y favorecieron su aparición en determinados establecimientos.

El productor también advirtió que la problemática ya no se concentra exclusivamente en la Región Oriental, sino que se manifiesta tanto en esa zona como en el Chaco paraguayo. “Antes se hablaba de la garrapata con poca acción en el Chaco y más en la Región Oriental. Hoy es en el Chaco y en la Oriental”, sostuvo.

Uno de los aspectos que Gunther considera más relevantes es el efecto de las infestaciones sobre los indicadores reproductivos, especialmente durante el periodo de servicio de las vacas.

Explicó que la presencia de una elevada carga parasitaria puede comprometer la condición corporal y el desempeño de los vientres, con posibles consecuencias sobre la reproducción y la producción de terneros. “Cuando estás en generación de servicio, la vaca tiene que entrar en celo y está con un problema de una garrapata que la ataca, que consume sangre”, señaló.

En ese sentido, insistió en que las pérdidas económicas no deben evaluarse exclusivamente por la disminución de la ganancia de peso, sino también por los efectos que pueden existir sobre la eficiencia reproductiva. “Ahí tenés una pérdida de ganancia de peso, tenés una pérdida de que la vaca no entra en celo. Porque la gente habla de ganancia de peso, pero la ganancia de peso es una parte de la producción. ¿Dónde están los terneros de las vacas?”, cuestionó.

Gunther sostuvo que todavía no existe una medición suficientemente clara del impacto económico que está generando la garrapata en la producción nacional, especialmente cuando se consideran conjuntamente las pérdidas de peso, los problemas reproductivos y las enfermedades asociadas.

Tratamientos cada vez más frecuentes y resistencia

Otro de los puntos que preocupa al vicepresidente de Appec es la necesidad de realizar tratamientos con mayor frecuencia en determinadas regiones productivas.

Comentó que en establecimientos del norte del país se observan situaciones en las que la garrapata vuelve a aparecer apenas veinte o veinticinco días después de un tratamiento. “En el norte ya estamos viendo que, si no bañás cada veinte o veinticinco días, vuelve a aparecer”, afirmó.

A esta situación se suma la preocupación por la resistencia a los principios activos utilizados históricamente para el control del parásito.

Gunther destacó que las nuevas moléculas representan herramientas importantes para el sector, pero advirtió sobre la necesidad de preservar su eficacia mediante un uso responsable. “Esta es la última droga. El resto de las drogas ya tienen resistencia en la mayoría de ellas, cuánto más, cuánto menos, pero esta es la última que se hizo y después de eso, como se dijo en el Congreso CEA, no hay otra por el momento”, expresó, en referencia a las nuevas alternativas farmacológicas presentadas para combatir la garrapata.

Sus declaraciones reflejan la preocupación de los productores por la disponibilidad futura de tratamientos eficaces, un escenario que vuelve fundamental el asesoramiento veterinario, la planificación sanitaria y la utilización adecuada de los productos.

Gunther señaló que la garrapata también representa un problema importante para otros países ganaderos y mencionó el caso de Australia, donde, según indicó, las pérdidas económicas asociadas alcanzan los US$ 300 millones.

En Paraguay, consideró que el sector todavía necesita avanzar en la cuantificación del impacto sobre los establecimientos, especialmente por las consecuencias productivas que muchas veces no se registran directamente. “Hasta ahora no era un enemigo destacable y hoy nos damos cuenta de que es muy importante el enemigo que estamos teniendo”, afirmó.

Finalmente, valoró la realización de jornadas técnicas como la organizada por Covepa y MSD Salud Animal, denominada Nuevas tendencias en el control de la garrapata en la ganadería, que contó con la participación del especialista brasileño Daniel Rodrigues.

Según Gunther, este tipo de encuentros permite profundizar los conocimientos sobre el comportamiento del parásito, las alternativas disponibles y las estrategias necesarias para mejorar su control.

El escenario planteado por el dirigente ganadero pone de manifiesto que la garrapata ya no puede considerarse únicamente un problema de tratamientos sanitarios: también representa un desafío para la productividad, la eficiencia reproductiva y la rentabilidad de la ganadería paraguaya.