El ingreso ilegal de cerdos vivos y carne porcina desde Brasil está generando una creciente preocupación dentro de la producción paraguaya, no solamente por el impacto que provoca sobre el mercado interno, sino también por los riesgos sanitarios que representa para una actividad que encuentra precisamente en la sanidad una de sus principales fortalezas competitivas.

Hugo Schaffrath, presidente de la Asociación de Criadores de Cerdos del Paraguay, señaló a Valor Agro que el sector viene realizando un seguimiento del problema desde hace varios días junto con instituciones públicas, entre ellas la Policía Nacional y el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), buscando contener el ingreso irregular de productos y animales desde territorio brasileño.

La coyuntura de la porcinocultura brasileña está favoreciendo este movimiento. De acuerdo con Schaffrath, actualmente el productor de Brasil enfrenta precios de venta muy por debajo de sus costos de producción. Como referencia, explicó que un cerdo puede comercializarse en el vecino país en torno a US$ 1 por kilogramo, mientras que en Paraguay el valor ronda los US$ 1,50 por kilogramo.

“Creo que esto abre la brecha para que esta gente esté haciendo este tipo de operación, porque lo compra muy barato allá”, explicó. Agregó que la delicada situación económica de los productores brasileños también genera que existan vendedores dispuestos a desprenderse rápidamente de los animales, una realidad que termina teniendo consecuencias directas sobre el mercado paraguayo.

Sin embargo, para la producción nacional la mayor preocupación trasciende el precio. “Nuestra mayor fortaleza que tenemos en Paraguay es nuestra sanidad”, enfatizó Schaffrath, quien sostuvo que el país cuenta con una condición sanitaria privilegiada dentro de los países que producen carne porcina a escala comercial. Por ese motivo, el movimiento irregular de animales representa un riesgo que el sector considera prioritario controlar.

A esto se suma el perjuicio económico generado por una competencia que Schaffrath calificó como desleal. Los productos que ingresan por contrabando no cumplen con las mismas obligaciones tributarias ni con los controles que enfrenta la producción formal.

Además, cada kilogramo que entra irregularmente no necesariamente genera un aumento del consumo, sino que termina sustituyendo carne producida dentro del país. “Esta cantidad de carne no es que se consume a más; en el mercado interno se consume a menos, se resta de lo que producimos”, explicó.

La dimensión exacta del contrabando resulta difícil de determinar. Sin embargo, Schaffrath utilizó como referencia procedimientos recientes en los que fueron interceptados tanto animales vivos como reses porcinas. Según indicó, solamente lo detectado en una jornada habría representado, llevado a equivalente carne, más de 15.000 kilogramos. “Si hacemos esto que diariamente está ingresando, entonces tenemos un número muy grande”, afirmó, aunque aclaró que actualmente no existe una estimación precisa sobre el volumen total.

El dirigente también advirtió sobre el riesgo para los consumidores. Al tratarse de productos que circulan fuera de los canales oficiales, no existe la misma garantía sobre su origen, trazabilidad o condiciones sanitarias. En ese sentido, recomendó adquirir carne porcina de establecimientos formales, conocidos y que permitan identificar claramente la procedencia del producto.

Para Schaffrath, el contrabando termina configurando una amenaza en varios frentes al mismo tiempo: perjudica económicamente al productor y a las empresas que cumplen las reglas, introduce producto sin los controles establecidos y representa un potencial riesgo tanto para el estatus sanitario de Paraguay como para el consumidor. Frente a ese escenario, aseguró que el sector privado continuará trabajando coordinadamente con las instituciones públicas para reducir el impacto y fortalecer los controles.