Las crecientes exigencias de los mercados internacionales respecto a residuos de productos utilizados para el control de la garrapata están provocando cambios en los sistemas de producción de carne vacuna en Uruguay y favoreciendo el crecimiento del confinamiento como alternativa de terminación.
Martín Olaverry, periodista de Valor Agregado Uruguay, señaló a Valor Agro que los controles sanitarios, especialmente los aplicados por China, están modificando las decisiones de los productores, principalmente en las zonas donde la garrapata continúa siendo un desafío sanitario.
“China está muy exigente con respecto a los residuos, incluso con niveles más estrictos que los que toleran Estados Unidos o Europa”, afirmó.
La preocupación pasa por la posibilidad de que una tropa presente residuos de productos veterinarios utilizados para combatir la garrapata o prevenir la tristeza bovina. En esos casos, además del perjuicio comercial, los establecimientos pueden enfrentar restricciones sanitarias que afectan directamente la operativa del productor.
Actualmente, instituciones uruguayas han cuantificado que la garrapata genera pérdidas mayores a US$ 90 millones al año por mortalidad.
Olaverry indicó que entre los productores existe temor a que un rechazo por residuos derive en la inmovilización del establecimiento por parte de las autoridades sanitarias e, incluso, en dificultades para concretar el cobro del ganado enviado a faena.
Ese escenario está llevando a muchos establecimientos, particularmente los ubicados al norte del río Negro, a modificar su estrategia productiva. “Mucha gente que hacía ciclo completo hoy prefiere dedicarse más a la recría y enviar ese ganado al corral para la terminación”, explicó.
La consecuencia inmediata es una menor disponibilidad de ganado terminado bajo sistemas tradicionales de pasturas mejoradas, praderas o campo natural, ya que numerosos productores optan por reducir los riesgos asociados a los tratamientos sanitarios durante la etapa final de engorde.
Este proceso, además, coincide con una oferta ajustada de ganado en Uruguay. Durante el primer semestre la faena cayó alrededor de un 20% respecto al año anterior y, aunque se espera una recuperación parcial durante la segunda mitad del año, la actividad cerraría 2026 con una reducción cercana al 10%.
Para Olaverry, mientras el confinamiento continúa expandiéndose y se consolida como una herramienta para responder a las crecientes exigencias de los mercados, la transición hacia este esquema también contribuye a mantener una oferta más limitada de ganado terminado, en un contexto internacional donde la calidad sanitaria y la inocuidad adquieren un peso cada vez mayor en la competitividad de la carne vacuna uruguaya.

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