En los últimos tiempos la discusión sobre la fiebre aftosa estuvo centrada en una pregunta concreta: cuándo Paraguay podría aspirar a convertirse en un país libre de aftosa sin vacunación.
Sin embargo, hoy el debate parece haber cambiado.
La reunión mantenida la semana pasada entre el sector público y privado dejó en evidencia que la discusión ya no pasa únicamente por el estatus sanitario que Paraguay pretende alcanzar en el futuro, sino también por las decisiones que deben tomarse en el presente.
La propuesta presentada por Senacsa abrió formalmente, y nuevamente, una hoja de ruta hacia un eventual escenario sin vacunación. El organismo sanitario plantea comenzar ajustes progresivos desde 2027, mientras que buena parte del sector productivo considera que todavía no están dadas las condiciones para avanzar en esa dirección y sostiene que Paraguay debe continuar vacunando plenamente durante 2027 y 2028.
Pero entre ambas posiciones aparece un problema que comienza a generar preocupación: la falta de definiciones.
Porque mientras el debate se concentra en cuándo dejar de vacunar, hay una pregunta más inmediata que todavía no tiene respuesta clara: cómo vacunará Paraguay en los próximos años.
La respuesta parece sencilla, pero detrás existe una estructura compleja que involucra planificación sanitaria, producción de vacunas, logística, distribución, financiamiento y organización de campañas en todo el territorio nacional. Además de estrategias que se deben realizar en la propia estancia.
El sistema de vacunación paraguayo no se activa de un día para otro. Requiere previsibilidad.
Los laboratorios necesitan planificar producción. Las fundaciones deben organizar operativos. Los productores deben programar inversiones y trabajos sanitarios. Todo el sistema necesita certezas.
Por eso, la preocupación comienza a extenderse más allá de las cuestiones estrictamente sanitarias.
Si las definiciones se demoran demasiado, el riesgo ya no será solamente discutir un futuro cambio de estatus. También puede comenzar a resentirse la capacidad de planificación de una estructura que durante décadas fue una de las principales fortalezas sanitarias del país.
Paradójicamente, en el afán de discutir el futuro, Paraguay no puede descuidar el presente.
La vacunación contra la fiebre aftosa no es solamente una herramienta sanitaria. Es una política construida durante años que permitió sostener mercados, generar confianza y proteger una de las actividades económicas más importantes del país.
Por eso, el desafío actual no consiste únicamente en decidir cuándo dejar de vacunar.
El verdadero desafío es evitar que la incertidumbre termine debilitando el mismo sistema que hoy permite pensar en un futuro diferente.
La prevención sigue siendo mucho más importante que cualquier estatus sanitario que Paraguay aspire a conseguir.

Comentarios (0)
Sé el primero en comentar esta noticia.
Dejá tu comentario