La industria frigorífica uruguaya empieza a mirar con mayor atención a los tambos como una fuente adicional de hacienda para faena, en un escenario donde la disponibilidad de ganado gordo aparece como uno de los principales desafíos para los próximos años.

Dentro de esa estrategia, Minerva avanza junto a Prolesa (de Conaprole) en un programa que busca incorporar a la cadena cárnica terneros machos provenientes de establecimientos lecheros, una categoría que históricamente ha tenido bajo aprovechamiento comercial dentro de los sistemas de producción de leche.

Andrés Oyhenard, editor de Faxcarne, explicó en Oriental Agropecuaria que el proyecto nació como un plan piloto para encontrar una salida productiva a un problema histórico de la lechería. Según los datos presentados, entre 30% y 40% de los terneros machos pueden terminar siendo descartados y quedar fuera de la cadena productiva.

“Son animales que se sacrifican y directamente salen de la cadena”, señaló Oyhenard. La propuesta busca cambiar esa lógica, generando una alternativa económica para el tambo y, al mismo tiempo, sumando animales que puedan terminar como materia prima de la industria frigorífica.

La primera experiencia involucró a siete establecimientos y alrededor de 300 terneros. El esquema contempla aproximadamente dos meses en guachera y posteriormente una etapa de semiconfinamiento con comederos de autoconsumo, completando un ciclo cercano a los 11 meses.

Los resultados productivos mostraron animales con algo más de 200 kilos de carcasa y un rendimiento próximo al 53%. Oyhenard indicó que los costos del ciclo se ubicaron alrededor de US$ 900 por animal, mientras que el retorno alcanzó aproximadamente US$ 120 por cabeza, equivalente a una rentabilidad cercana al 13%.

Uno de los puntos centrales del modelo es que el productor tiene asegurado el destino comercial de los animales. En el plan piloto, Minerva pagó US$ 5,22 por kilo de carcasa, un valor que permitió sostener los resultados económicos presentados.

La necesidad de captar mayor volumen de hacienda aparece como uno de los principales impulsores de este tipo de iniciativas. Oyhenard recordó que Juan Martín Urrutia, gerente de compras de Minerva, planteó durante la presentación que la compañía necesitará más materia prima para faena y que los programas orientados a ampliar la oferta serán promovidos por la empresa.

El proyecto ya comenzó a crecer. Desde los siete establecimientos iniciales se pasó a cerca de 20 productores y unos 800 terneros, aumentando de forma importante el volumen involucrado.

A futuro, otra alternativa es avanzar hacia sistemas de “beef on dairy”, utilizando genética de razas carniceras sobre vacas lecheras para mejorar la aptitud carnicera de las crías. Sin embargo, el esquema actual tiene como ventaja que no exige inicialmente ese cambio y permite comenzar aprovechando los terneros que ya produce el tambo.

De esta forma, los tambos comienzan a aparecer como una fuente complementaria de hacienda para una industria que busca ampliar su base de oferta, mientras que para los productores lecheros se abre la posibilidad de convertir un descarte histórico en una nueva unidad de negocio.